Travesía en bici de las salinas a la selva en MTB

De las Salinas a la Selva en MTB

El noroeste argentino es probablemente una de las regiones más interesantes y variadas del mundo que he recorrido en bicicleta. Solo la provincia de Salta, una de las provincias más grandes, con una superficie de 154.775 kilómetros cuadrados, es la sexta en tamaño y esta rodeada por tres países: Chile, Bolivia y Paraguay, y por seis provincias argentinas: Jujuy, Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Tucumán y Catamarca cuenta con los paisajes y climas más increíbles.

Es verdaderamente difícil explicarle al viajero lo variado de las diferentes regiones, tanto a nivel geográfico como climático:

En pocos kilómetros se puede pasar desde la Puna de más de 3000 metros de altura a increíbles pasos de casi 5000 metros donde se observan nieves eternas, volcanes, llamas y guanacos y una soledad que por lo menos asusta; en muy poco se puede pasar de la misma puna a la selva subtropical, de los cóndores a los tucanes, del clima seco y árido a la humedad más densa y al verde más concentrado; en pocos kilómetros se puede dejar increíbles campos de sal y horizontes de 100km para llegar a viñedos chic exportadores de excelente Malbec, Cabernet o Torrontés.
Y así de variadas son también las temperaturas, desde el bajo cero de las montañas hasta las temperaturas agradables de los valles fértiles, productores de tabaco, cebolla y pimientos.

La típica hospitalidad del hombre de los “Andes” junto a la rica herencia del imperio Incaico, el silencio, la reflexión y la lentitud, se expresan de la mejor manera a través de la música folklórica, de la notable arquitectura local, de las coloridas artesanías y de las diferentes fiestas y celebraciones religiosas. El noroeste cuenta con un pasado heroico: Se pelearon muchas batallas en este territorio cuando Argentina, Chile, Bolivia y Perú buscaban su independencia y se unían para expulsar al colonizador español.

Por tener un clima monzónico, con abundantes lluvias de verano, no es aconsejable iniciar un viaje en bicicleta en esta región entre diciembre y marzo, ya que probablemente llueva todos los días, con el agravante de que los ríos que están secos durante todo el año, se llenen, rebalsen e incluso inhabiliten los caminos durante varias horas. El invierno es más benigno que en el resto de Argentina, el frío no depende tanto de la época del año, sino de la altura en la que uno se encuentre, pero la situación ideal es viajar en otoño o primavera. Es así que en pleno verano las temperaturas pueden ser muy bajas, de hecho durante la noche bajo cero, si nos encontramos a más de 3500 metros sobre el nivel del mar.
Excepto en los valles que se encuentran a baja altura y en la selva sub-tropical, el resto de la región suele ser muy seca, muy árida con un aire sin nada de humedad que reseca las gargantas de quien no esta habituado.

Otra precaución fundamental es ascender en forma gradual, permitiéndole al organismo adaptarse día a día a respirar a diferentes alturas. El no respetar los “tiempos corporales” puede desencadenar toda una serie de malestares conocida como “Soroche” que es sencillamente el mal agudo de montaña o la falta de oxigeno que se expresa con dolores de cabeza, vómitos, falta de apetito, trastornos en el sueño y varias cosas más!

Es notorio en los primeros días ver a los pobladores locales jugando al fútbol en una plaza, mientras uno respira agitadamente para subir una escalera….

La Travesía

Nuestra travesía fue diseñada de forma tal de hacer esfuerzos intensos, pero al mismo tiempo cuidando la adaptación progresiva que necesita el biker en este tipo de regiones.

Luego de haber dormido en la ciudad de Salta, ubicada a 1180 metros sobre el nivel del mar, maravillosamente conservada, llena de museos y de una notable arquitectura española que por momentos nos hace pensar que estamos en otro lugar, partimos en vehículo hacia la Cuesta del Obispo. Partimos bajo un clima lluvioso y fue difícil convencer al grupo, que en el punto de partida habría sol 100% seguro. Luego de 80km y ascender hasta 3300 metros en tres horas, llegamos hasta la “Piedra del molino”, una pequeña capilla solitaria en medio de la Puna, la más absoluta nada. El paisaje de los últimos 15km de ascenso es increíble: Llegamos encima de las nubes, y el dibujo del camino perdiéndose en la montaña es espectacular y mientras bajamos las bicicletas del trailer nos sorprendió un cóndor a muy poca distancia. Quizás por ser el ave voladora más grande de la tierra, por lograr ese vuelo majestuoso sin mover sus alas, pasaba muy cerca, observándonos son cierta suficiencia…

El descenso hacia Chicoana fue espectacular! Horas y horas de bajar y disfrutar de la velocidad con la vista puesta solo diez metros adelante para no terminar “comprando terreno” como se dice en Argentina cuando uno se cae de la bici.

Al día siguiente, viajamos desde Chicoana hasta el Dique Campo Alegre:  La etapa de hoy sería corta y a baja altura, pero un regalo para los ojos de quien no esta acostumbrado a pedalear en la selva:  kilómetros de verde intenso, árboles, helechos y sonidos de los más variados. Mientras que el día anterior tuvimos frío y debimos pedalear abrigados, esta vez estábamos muertos de calor!! los contrastes….

En medio del camino aprovechamos para almorzar, que privilegio comer en ese lugar toda una variedad de carnes, ensaladas y quesos! Para la tarde quedó el descenso al Dique “La Ciénaga” en la Provincia de Jujuy. Una vez terminados los 32km del día, nos trasladamos en la van, llevando las bicicletas en el trailer hasta “Purmamarca”, uno de los pueblos más lindos de Jujuy. Visitamos el “centro”, su iglesia con arte en madera de cardón, descubrimos la historia que habla de colonización española, de riquezas robadas, influencia aborigen desde el Altiplano, la fuerte identidad local, sus construcciones típicas e higiene general que sorprende y contagia.

Los contrastes

“Purmamarca” se encuentra en la “Quebrada de Humahuaca” y sobre la “Ruta 9” que continua hacia Bolivia.  La quebrada fue declarada “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO y además de ser una zona de gran belleza, de ser “la paleta de colores” de un pintor, es una zona de gran crecimiento turístico, sobre todo de europeos que aprovechan para conocer Perú y Bolivia también. Es una zona de gran contenido cultural, donde se han encontrado fortalezas indígenas, cementerios, aldeas y restos de miles de años de desarrollo de civilizaciones pre-hispánicas.

Un TIP para “Purmamarca”: Levantarse temprano y sacarle varias fotos al cerro de “los siete colores” cuando amanece!

Ese día partimos en vehículo y subimos desde 2200 metros hasta 4200 metros de la “Cuesta de Lipán” un increíble zig-zag asfaltado que sube 2000 metros en solo 35km. Una vez allí descendimos hacia las “Salinas grandes”  Es muy difícil poder describir la sensación de estar parado sobre….sal!! Por si alguno tenía dudas, puso el dedo en el suelo y se lo llevo a la lengua…JA!

Es fundamental utilizar anteojos oscuros, ya que el reflejo es realmente muy fuerte. Aprovechamos el tiempo para hablar con los pobladores locales que viven del duro trabajo de extraer la sal y nos contaron la vida en las salinas, el clima riguroso, la sequedad y del trabajo.

Luego de sacar fotos y comprarles algunas artesanías almorzamos frutas, ensaladas, quesos, parecía increíble comer allí! La etapa en bicicleta fue menos esforzada que el día anterior y muy emocionante: Hicimos el espectacular descenso desde 4200 metros hasta 2200 metros de “Purmamarca”. Iniciamos la pedaleada con 3° grados y llegamos con 25°!
Cenamos en restaurants chics y degustamos las diferentes opciones de comida norteña como las famosas “empanadas”, el locro, los tamales y las humitas.

 

Desde “Purmamarca” continuamos en vehículo al día siguiente hacia “Iruya”:  El recorrido fue probablemente el mejor de la travesía. Salimos por la “Quebrada de Humahuaca” hacia el norte y luego de 80km nos desviamos hacia el Este. Quince kilómetros antes de llegar a 4000 metros en el límite entre las provincias de Jujuy y Salta almorzamos e iniciamos el duro ascenso. Una vez allí en el “Abra del Cóndor” nos reagrupamos e iniciamos el descenso a Iruya. El paisaje era alucinante, la aridez, los cardones -hábiles sobrevivientes del desierto- las diferentes tonalidades de rojos eran los ingredientes de este espectáculo, y mientras el grupo descendía con ritmo sostenido, quizás dejando pasar los paisajes, quizás no pudiendo reparar en muchos detalles, pero entregado al ritmo y al esfuerzo, liberando esa ansiedad que habían acumulado en los días previos a la travesía.

Precipicios, paredones, acantilados y una perspectiva fantástica de un inmenso valle donde todavía es posible ver los cultivos en forma de “terrazas” que diseñaron los Incas para aprovechar el riego y el agua que es un bien que se presenta pocos meses en el año. Esos 28km parecían que iban a ser lo mejor del día, hasta que llegamos a “Iruya” a 2700 metros. Una vez allí quedamos maravillados con esas callecitas empinadísimas y cerradas donde solo un vehículo puede circular y donde a veces colocan escalones para que subir y bajar no sea una tarea solo para atletas de élite!

La iglesia, con su arquitectura mezcla de española con indígena acaparó la atención de todos! En la mañana, desayunando en la galería de la hostería, quedamos todos alucinados, cuando vimos el inicio de actividades de un grupo de cóndores…Aprovechamos todo el día para hacer trekking junto a un guía local, quien nos explicó las costumbres, la historia y las creencias de la gente de la región, de los “Kollas” esa nueva etnia fruto de la mezcla de Incas, quienes hicieron una invasión pacífica y cultural en la región poco antes de los españoles, con Diaguitas, Aymarás, Quechuas y Omaguacas.

La rutina de cada día comenzaba con el desayuno a las 8.15hs de la mañana, la preparación, revisación y limpieza de las bicis a las 9.00hs y a las 10.00hs todos listos para comenzar la jornada. El secreto al viajar en grupo es respetar el cronograma y los horarios, para hacer más eficiente el uso del tiempo y poder disfrutar de la bici, que es el objetivo principal.

El último día viajamos desde Tilcara hasta Los Nogales y volvimos a la selva Sub-tropical. Iniciamos un fuerte ascenso de 700 metros hacia la “Laguna de Yala” una vez superado el desnivel, descendimos 200 metros y volvimos a subir 300 metros más. En todo ese tiempo, alternamos lluvias con sol radiantel, algo que nunca sucede en la Puna. Luego del merecido descanso y almuerzo, continuamos pedaleando con el desafío de llegar antes de que oscurezca. Todo lo sufrido en la mañana se transformó en un montón de sentimientos confusos y mezclados al comenzar a descender, entre ellos había alegría, emoción, derroche de adrenalina, satisfacción personal y mucha concentración. La elongación final, los masajes para relajación y la ducha de agua caliente con agua termal en “Termas de Reyes” hicieron lo que faltaba para terminar un día perfecto.

Mariano D’Alessandro de www.mtbtours.com para NoticiasoOutdoor

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