Cerro de Siete Colores y Quebrada de Humahuaca Purmamarca

El cerro de Siete Colores y Purmamarca, en Argentina: Mucho silencio, un pueblo solitario, casi diminuto, de calles polvorientas, casas rojizas de adobe, un valle encantador y una calle que muere al pie de un cerro de “Siete Colores”. Es lo poco y mucho (muchísimo) que tiene para ofrecer Purmamarca, un pueblo que actualmente ganó fama gracias al turismo y a la declaración de la Quebrada de Humahuaca, zona sobre la que se asienta, como Patrimonio de la Humanidad:

Imagen  Tanenhaus / Fernado Casale

Purmamarca, en la provincia de Jujuy, está situado literalmente entre valles y quebradas, a unos 60 kilómetros de la capital, San Salvador de Jujuy, al norte de Argentina. La sedimentación y acumulación de minerales exhibe en las montañas erosionadas que rodean el pueblo, una gama de colores y tonalidades que van del verde, al amarillo cobre y al rojizo. El paisaje podría ser mucho menos llamativo, pero sin embargo, es protagonista. El colorido de los cerros que rodean la zona, y que se extienden por toda la Quebrada de Humahuaca excede lo imaginable. Es la porción de Argentina cuyo pasado está ligado como en ninguna parte del país a una cultura que antecede la época del domino hispano y la colonización: el pasado bajo el imperio Inca se respira en cada rincón a través de las costumbres y modos de vida de sus habitantes.

Imagen joaquingianni

Purmamarca quiere decir “pueblo de la tierra virgen”, en el lenguaje autóctono. Sigue siendo hoy mucho más de lo que representa, apenas un caserío que rodea una plaza polvorienta, pero cada vez más volcada al turismo que le da sustento. La plaza, está rodeada de una feria de artesanías indígenas que incluye telares, vasijas, prendas de vestir autóctonas y tejidos en lana de llama y hasta vicuña. El ambiente es único. Parada de mochileros y jóvenes aventureros, y de turistas cada vez más numerosos, el pueblo es rudimentario y encantador. Fundado en 1594, a pesar del tiempo transcurrido, nada parece haber cambiado demasiado.

Actualmente, todo lo que podría resultar monótono para los locales, no es más que llamativo y hasta sorprendente para los visitantes: desde los platos típicos, tamales, humita, empanadas y cazuelas, hasta las casas de adobe, las calles solitarias y los paseos que se extienden por los caminos de tierra rojiza entre cerros coloridos apenas interrumpidos por álamos en un paisaje árido. Un viaje a Purmamarca, supone un viaje a una cultura única, que perdura en los paisajes salpicados en forma pintoresca por los cardones de postal de la Quebrada de Humahuaca.

Fuente: viajesudamerica.com

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