Hazaña en el Fitz Roy, la "montaña que fuma"

La lograron escaladores de San Martín, Neuquén y Bariloche. Completaron las escaladas uniendo todas las agujas del cerro. Conocido también como Chaltén, es uno de los más exigentes del mundo.SAN MARTÍN DE LOS ANDES (ASM)- Argentina no es un país con afianzada y extendida “cultura de montaña”, como lo son Italia, Francia, Austria, Suiza… Pero este territorio tiene desafiantes cumbres, exigentes para el mejor pintado de los escaladores, y con un creciente fenómeno asociado al interés por el trekking de ascenso y el andinismo. Julián Casanova lo sabe, y con hazañas como la que acaba de realizar este sanmartinense de 24 años junto al neuquino Charly Cabezas y al barilochense Tomás Aguilo, esa tendencia de seguro se consolidará.

Julián completó semanas atrás el ascenso múltiple a todas y cada una de las agujas del Fitz Roy o “Chaltén”, en Santa Cruz, una de las montañas más exigentes del mundo (ver recuadro), tanto como que los mismos que desafían las alturas de Nepal son los que suelen incursionar en esta porción del techo de la Patagonia, que no es el más alto pero es el más complicado de toda la vasta región al sur del río Colorado.

Hielo, piedra laja, paredes de 1.000 metros de límite vertical, clima dramáticamente cambiante, son obstáculos de gran nivel técnico y demandan conocimiento, convicción y respeto por partidas iguales.

Corría noviembre: “Había mal tiempo y subimos al paso superior (desde donde comienza la verdadera escalada). Hicimos una cueva de nieve y pasamos la noche. Pero estaba muy feo y volvimos al día siguiente al pueblo. Revisamos los reportes del tiempo. Hicimos la aguja Rafael Juárez (600 metros de pared). Volvimos y comprobamos que se anticipaban cuatro días de buen clima. Y nos largamos”, rememora Julián en diálogo con este diario.

Claro que ese “largamos” que refiere con tanta naturalidad, supone una escalada de 300 metros en hielo, una pared de roca de 650 metros (se hace en largos o cordadas de 60 metros cada una para cada andinista), una noche durmiendo literalmente colgados de la pared de piedra, y los últimos 1.000 metros de pura verticalidad, para coronar la cumbre por encima de los 3.400 metros sobre el nivel del mar.

Pero el dato es que con ese último ascenso, y luego de tres años de escaladas y trabajo como guía en el pueblo de El Chaltén, Julián Casanova completó la coronación de todas las agujas del Fitz Roy: la “S”, la “Saint Exupery”, la “Rafael Juárez”; la “Poissonot”, la “Fitz”, la “Walevua”, y la “Guillemme”.

Para Julián, “completar todas las agujas es un sueño hecho realidad. A los 18 años, escalé el Aconcagua y fue para mí bárbaro, pero nada se compara con el Fitz Roy, porque es mucho más difícil, más exigente… No es la montaña más alta de la región, pero es la que impone más respeto…”

La coronación de este nuevo esfuerzo es otro aliciente para continuar con el exigente curso de Guía de Alta Montaña, que Julián está realizando ya. Es que Argentina ingresó hace pocos años a la crema de esta actividad, al incorporarse a la Unión Internacional de Guías de Montaña, fundada por representantes de Italia, Alemania, Austria, Suiza, Francia.

Actividad en expansión

“Hacerse rico, no. Pero si uno es organizado… se puede vivir de esta actividad”, dice Julián, a propósito de su trabajo como guía de montaña.

“Hay un creciente interés por el trekking y el andinismo, y también hay gente cada vez más y mejor preparada, lo que facilita la tarea de los guías pero también exige responsabilidad y preparación, porque implica ir siempre a más…”.

Para Casanova, “el grueso de los visitantes es extranjero, pero también hay muchos argentinos. Lo importante es que la actividad crece, en toda la Patagonia”.

En ese sentido, apunta para los interesados o aquellos que están dando sus primeros pasos, que conviene comenzar progresivamente: “hay gente que quiere hacer una montaña y después se frustra por el nivel de exigencia. Por ejemplo, el ascenso al Lanín es hermoso, pero no mucha gente repara en el hecho de que el Lanín es un volcán con uno de los mayores desniveles (diferencia desde el punto de ascenso hasta la cumbre) de toda la Patagonia. Por ejemplo, para ascender al Aconcagua partís de 4.200 metros sobre el nivel del mar para llegar a 6.900, pero en el Lanín partís de los 1.000 metros para llegar a 3.776. Lo mejor, entonces, es hacer las cosas despacio, progresivamente, comenzar con caminatas de poca exigencia e ir subiendo esa exigencia hasta estar en condiciones de un desafío mayor”. Una vez que finalice el curso que está realizando y demanda dos años y medio de preparación, Julián proyecta un viaje a Europa, para incursionar en las cumbres que son la cuna del montañismo.

Por lo pronto, continuará con las “guiadas” en el Chaltén, también llamada la “capital nacional del Trekking”.

Vía: www.rionegro.com.ar