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Kayak en Chile. Crónica de un descenso por las aguas del río Baker

Bajo las aguas del Baker

“No sé porqué los paisajes de la Patagonia vuelven a mi memoria en forma más persistente que otros” – Charles Darwin

Desde los inicios del poblamiento en la zona sur de la región de Aysén, una de las tierras más indómitas y aisladas de Chile, durante la primera mitad del siglo pasado en adelante, cuerpos de agua, rápidos y grandes cascadas, fueron parte del sustento y cotidiano de una gran cantidad de familias que poblaron y que aún habitan las húmedas riberas de la zona. Para ellos el colosal río Baker se constituyó en su vínculo con el resto del mundo, propiciando de paso la existencia de grupos humanos, emprendimientos comerciales, y el surgimiento de uno de los lugares más emblemáticos y particulares de nuestro país como Caleta Tortel.
Salvo los pobladores, no existen muchas personas que conocen bien esta vena color turquesa. Brian Reid, es un científico estadounidense que trabaja en el Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia, CIEP en la austral ciudad de Coyhaique. Él, junto a su perra Sunny (soleado inglés), desde hace 2 años, descienden las aguas del Baker hasta Tortel, para estudiar sus componentes, llevando además un catastro de las aves que habitan sus alrededores. Con mucha fortuna tuve la suerte de acompañarlo en su travesía, la número 11 que realiza.

 

A mediados del mes de Marzo del 2010, nos embarcamos desde el sector de la balsa Baker, al norte de la localidad Cochrane, en una estructura sin suelo, conformada por 2 pontones inflables, cruzados por un armazón de aluminio amarrado por cintas, con espacio para colocar las provisiones, artículos de camping e instrumentos para tomar muestras del río. Desde la carretera austral o acercándose hasta su orilla se puede apreciar la majestuosidad del Baker, sin embargo, todo se ve distinto desde el río. Lo comparo a sumergirse bajo el agua, donde domina el silencio, y los ruidos se componen en tonadas.
Mientras nos adentramos en el Valle Grande, un sol de verano inconcluso, acompaña a más de 300 canquenes que despegan al percatarse de nuestra presencia. Hacia el norte, la cumbre de un nevado, circundado por nubes que no permiten divisar el resto de su cuerpo, la que Brian describe como una isla en el cielo. Hacia el sur, el cielo cubierto olvida pequeños espacios, últimos rayos necesarios para la fría tarde, que crean figuras de luz en la superficie.
A ratos la única interrupción de la quietud del Baker, es el contacto de los remos en el agua, una labor compartida. Brian toma sus primeras muestras para su investigación, llenando bidones con agua de los ríos tributarios del gran cuerpo de agua, para analizarlos y determinar así el aporte de sílice, desde el sistema hasta el mar. El sílice en un componente indispensable para la vida y productividad del mar, constituyéndose además en una suerte de regulador del fenómeno de la Marea Roja, por lo que el aporte del Baker es de gran importancia para sectores afectados por este cuadro, especialmente, en Caleta Tortel.

 

LABERINTOS DE RÍOS Y BOSQUES

Luego de la primera jornada de trabajo acampamos en el sector Colonia Norte, a algunos metros del río del mismo nombre que veríamos la próxima mañana. Algunas estrellas y el barómetro nos anuncian buenas condiciones climáticas para la siguiente jornada, “nunca hable del tiempo”, dicen algunos pobladores cuando estás en el Baker.
Dicho y hecho. Muy temprano por la mañana y luego de desayunar nos preparamos para la jornada de mayor trabajo. La niebla predomina arrastrada y densa sobre el agua y los bosques, abrazando gran parte del enorme delta del Colonia. Quien quiera ver una fotografía o película de terror puede hacerlo en este paisaje, mientras la turbiedad del Colonia hilaba su color al esmeralda del Baker.
Dejamos el delta, para continuar río abajo e introducirnos en el sector de las Islas, universo de inmensa belleza donde el río se bifurca, crea laberintos y deja bosques de vital interior. Yecos, caiquenes, canquenes, patos Reales, patos Gergons, garzas, teros y especies que no podemos reconocer salen alertados por nuestra presencia salen a mostrar sus colores, sonidos y por supuesto su estilo de vuelo.
Estamos próximos a los rápidos Gonzáles, el momento de mayor adrenalina en el Baker, cuando metros antes nos encontramos con un grupo de kayakistas que descendían el río. Comentamos que el caudal se presentaba especialmente alto, siendo muestra de aquello la velocidad de nuestro desplazamiento. Nos despedimos deseándoles suerte, con la intención de encontrarnos durante la noche en un  campamento obligado, a menos que se quiera descender por una cascada 6 metros entre piedras y remolinos producidos por el río más caudaloso del país.
El río, a ratos silencioso, moviliza su enorme composición entre lengas, coigües, ñires, canelos y mañíos que parecen  resignados, obligándose a dejar que el gigante continúe su paso. Árboles muertos descansan sobre pequeños islotes luego de ser arrastrados por alguno de los vaciamientos del Cachet 2, un lago ubicado en el sector oriental del Campo de Hielo Norte, que durante los meses de deshielos desaparece por completo. Esto debido a un túnel generado a través del hielo y por el que viajan sus aguas que son transportadas río Colonia abajo, provocando fuertes inundaciones, hasta llegar al Baker. La paz y la reflexión se irrumpen. Un murmullo de agua como sonido de alerta repicaba en los oídos: eran los rápidos González.
Cara a cara con  las aguas

Una interesante sensación es la que se produce cuando sabes que algo se aproxima de forma irrevocable y sólo debes estar preparado a afrontarla. El rumor de los rápidos va en aumento hasta que estás en ellos. Nos succionan velozmente sus corrientes y remolinos, dibujándose incomprensibles en el agua. Más allá de luchar contra esta fuerza, procuramos flotar bien en ella, para esto la balsa debe quedar de frente al oleaje y así no correr riesgo de volcar.

La perrita sunny, que esta un poco inquieta pese a su experiencia en el río, me acompaña en la parte delantera de la balsa, mientras que Brian esta en la conducción. De pronto comenzamos a bajar: una ola de entre 1,5 a 2 metros de alto, bastante grande para un río, nos hace entrar en su recogida para luego cubrirnos hundiendo toda la parte delantera de la embarcación, dejándonos más que empapados. Brian no puede respirar producto del impacto del agua en su cuerpo al intentar estabilizar la balsa con los remos. Entre respiros algo tartamudos me dice: son las olas más altas que me ha tocado en el Baker.

El agua vuelve a la calma, y como premio aparecen cascadas y saltos. Muchos de ellos terminan en un pequeño estanque, él que a su vez da vida a otra caída de agua encadenando así largas sucesiones de cascadas. Comienza la tarde de nuestro segundo día de viaje, cuando llegamos hasta la zona del Saltón San Carlos, límite sur del sector los Ñadis. Debemos rápidamente remar hasta la orilla para realizar el traslado de la balsa, ya que si continuamos navegando la corriente nos arrastrará hasta un salto de más de 6 metros de altura.

Una vez en la orilla la faena se tornó intensa. Trasladamos víveres, equipaje, los instrumentos y, por supuesto, las partes de la balsa por un sendero barroso de algo más de un kilómetro de extensión, hasta llegar al otro lado del Saltón. Una vez realizada la labor y algo cansados, Brian continúa con el trabajo de sus muestras las que monitorea cada cierto tiempo, una labor que me conmueve por su constancia y dedicación. Por mi parte tengo algunos minutos para ir hasta el antiguo paso de animales más conocido como “el Corte San Carlos” o paso “Lucas Bridges”, desde donde se tiene una vista privilegiada del valle y por supuesto del Saltón.

El denominado Saltón es una caída de agua de 4 a 7 metros de altura (dependiendo de la época). Este salto esta ubicado a unos 45 km al sur de Cochrane, en el sector los Ñadis, entre bosques nativos y cientos de arroyos tributarios por donde penetra el estruendo del poderoso río. Este lugar tiene además un valor histórico, ya que en éste se emplaza el paso Lucas Bridges, una sección de la importante ruta de ganado que conectaba al sector de Cochrane con la zona sur de la región antes de cualquier atisbo de camino. Bridges, quien en su momento habilitó la huella, fue un destacadísimo explorador y emprendedor, además de escribir su experiencia mediante un libro denominado El último confín de la tierra, donde narra su vivencia en Tierra del Fuego, lugar en el que se crió entre Selknams y Yaganes.  Este sendero fue construido por el ingeniero Ricardo 2º Michell en dos temporadas de trabajo, veranos de 1900 y 1901, en el marco de las Comisiones de límites de la época. Así Michell junto a un grupo de obreros chilotes y de otras zonas del país, abrieron este corte en la roca, para conectar los valles interiores del Baker y facilitar así el poblamiento y explotación futura de ellos.
Se trata de un precipicio de aproximadamente 40 metros hasta las aguas del cauce, una cueva de granito en las alturas por donde también se avistan cóndores. Sólo unas pequeñas barandas metálicas separan el estrecho tramo del vacío. Al frente, reluce el majestuoso Saltón, en una gran bóveda de piedra. Un cóndor sobrevuela el paisaje haciéndose parte del atardecer, mientras pienso en como luciría este maravilloso espectáculo de construirse la central Baker 2, que se proyecta sobre este lugar y la de mayor embalse de la enorme iniciativa hidroeléctrica en la región.

 

Ya de vuelta en el campamento nos reencontramos con los kayakistas, todos turistas chilenos, quienes vinieron a Aysén para disfrutar del río antes de que este muera, según nos dijeron también en referencia a la iniciativa hidroeléctrica mencionada. Al calor de un fuego y algún trago para soltar el ambiente, todos coincidimos en el disfrute que significa bajar el Baker.

Muy temprano dejamos el Saltón para continuar con el trabajo científico, deteniéndonos un momento en el río Ventisqueros, tributario del Baker. El medidor de temperatura marcaba 3 grados centígrados en el agua y a cada hueso de nuestros pies, le dio por crujir.

Remada tras remada, con un viento que por naturaleza viaja en contra de la corriente, desfilamos entre nevados majestuosos, entre árboles arrastrados por el cauce. La idea inicial era llegar hasta Caleta Tortel esa misma noche, gracias a la velocidad del río. Pero una pequeña entrada nos muestra una particular belleza que no podíamos desestimar: el canal Vargas.

La casa del bosque siempre verde, en su estrechez, entregaba cercanías mágicas al recorrer la selva sonora y su multiplicidad de colores. Muchos botecitos de madera se encuentran en las riberas del Baker y uno de ellos estaba a las afueras de un campo. Es el lugar de la señora Julia Sandoval, quien según nos comentó es una de las primeras pobladoras de Baker con residencia en el lugar, desde 1930 aproximadamente.

De inmediato, y tal como oímos acerca de las personas que habitan la Patagonia, la señora Julia nos ofrece un mate además del calor de su estufa a leña, la que produce un enorme bienestar a nuestros pies que todavía resistían las secuelas del ventisquero. Junto a su hijo, nos habla de los antiguos, de las labores del campo, del ciprés, de remontar el Baker a remo, del trabajo en equipo, de su destreza con el hacha, pero por sobre todo se ríe constantemente, diciendo que terminará sus días en el Baker. Hasta almorzados nos dejó la ‘eñora, con quien nos comprometimos a cocinarle en un próximo descenso.

 

Ya nos acercamos hasta nuestra última parada, metros antes de Caleta Tortel y al paisaje no se le podían exigir mayores estándares de espectacularidad y belleza. ¿Es extraño ir hacia donde al parecer no deberías? Mientras más al sur, más viento, más frío y nubes teñidas de un gris pedregoso, tal vez no era el mejor augurio. Casi sin luz y con una linterna que vigilaba los palos que emergen súbitamente desde las aguas, llegamos a una pequeña playa a media hora de nuestro punto de término. Por la mañana todo sería tranquilo.

Pero esa noche escuché a Brian hablar sobre lo impredecible y las dificultades que conlleva analizar un río como el Baker. Hoy en Chile, prácticamente no existen personas o instituciones que dediquen su tiempo al estudio de un río tan importante para el país. Brian, quien tiene la oportunidad de bajarlo mes a mes, cree que la multiplicidad de factores asociados a su comportamiento, convierten a este cauce en un objeto de estudio complejo y diverso, un enigma que recién comienza a descifrar. De inmediato recordé a la señora Julia quien decía que seguramente dejaría de vivir en el Baker y pensé en muchos otros que por diversos motivos han decidido dejar estas riberas.

Nicolás Siriany desde Chile para NoticiasOutdoor

2 Comentarios

on “Kayak en Chile. Crónica de un descenso por las aguas del río Baker
2 Comments on “Kayak en Chile. Crónica de un descenso por las aguas del río Baker
  1. Que hermoso es este pais! Cuantas cosas tiene para ofrecer, lugares para visitar, actividades a realizar… sin duda el mejor de America. Saludos!

    Pablo – Turismo en Chile

  2. Que simpatica esta historia, pues nosotros eramos precisamente los 5 kayakistas que nos encontramos con Bryan. De hecho tambien escribimos algo al respecto, y mencionamos el encuentro en medio de la nada con un cientifico, completamete sorprendidos. Saludos

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