La Historia detrás de la Foto – La cordillera vista desde el parabrisas

La Historia detrás de la Foto (Entrega Nº3)

La cordillera vista desde el parabrisas
Por Marcelo Scanu* -para NoticiasOutdoor

La primera vez que leí algo sobre el avión caído en Laguna Brava tenía apenas 10 años y vivía en Arequipa, Perú. Un libro de Federico Kirbus, al cual conocí muchos años después, contaba la historia de este avión acuatizado en 1964 y otros temas interesantes de la región. Sólo algunos años después, en 1987 y siendo ya adolescente, acompañé al gran Antonio Beorchia Nigris y demás amigos a una expedición a la zona. Claro que duró casi una semana a lomo de mula o caballo, casi el único medio para llegar a ese entonces remotísimo paraje. A lo lejos divisamos el avión sin poder alcanzarlo, nuestra misión era otra. Poco después un profesor de geología viajaba a la zona y me pidió acompañarlo. La salida se canceló y quedé sin poder visitar ese atractivo y tratar de ascender un cerro cercano, presumiblemente virgen, de 5173 msnm.
Nuevamente en 1996 recorrí la laguna, ya con el camino construido tardamos sólo 3 horas. Fue rápido, aunque sin la magia que tenía cabalgar como antaño tras los antiguos arreos de ganado hacia Chile o como había llegado la primera vez. El avión brillaba al sol, del lado opuesto de la laguna y muy lejos de nuestro derrotero.
Finalmente a principios de 2006 (26 años luego de conocer la existencia del avión), junto a Antonio Pontoriero, armamos campamento en el borde suroeste de la laguna. En doce mágicos días logramos subir juntos el Chepical siendo un primer ascenso, subí sólo el cerro de 5173 msnm encontrando restos prehispánicos y llegamos al avión.

El avión Curtiss C-46 accidentado en 1964 traía caballos de carrera, la mayoría murió. Los tripulantes fueron rescatados días después, pasaron penurias durante ese tiempo. Posteriormente el aparato se desguazó quedando algunos restos como la cabina. Eran estos restos los avistados desde el campamento base y apenas nos aclimatamos, nos dirigimos hacia él.
Sin embargo el camino no es tan fácil y para acceder a los restos debimos caminar sobre la sal esquivando las zonas cenagosas y cubiertas de agua. Al ser una cuenca cerrada, es actualmente una salina. Incluso en nuestro periplo un gigantesco remolino arrastrando partículas de sal casi nos envuelve. El sol reverberaba en la superficie formando espejismos.
Por fin logramos el objetivo. Nos llamó la atención la rueda del avión pues habiendo pasado tantos años estaba totalmente inflado. Divisamos parte de un ala y el esqueleto del avión, con los compartimientos para los caballos. Junto a esta sección se encuentra uno de los caballos conservado por la sal.
La cabina, bastante bien conservada a pesar del saqueo, nos brindó un refugio de los rayos solares. Nos arrepentimos de no haber traído el equipo para acampar siquiera una noche en este lugar. Jugamos con los controles observando este testigo de otros tiempos, tratamos de comprender como habrán sufrido los últimos momentos antes del aterrizaje forzoso en este desértico paraje. Mirando a través del parabrisas rajado el paisaje resultó inigualable. La sal se había depositado en el vidrio sin dificultar demasiado la  visión.  El cielo casi sin nubes, a la derecha el Fandango (5612 msnm) con algo de nieve y a la izquierda el 5173 msnm también llamado Fandango en el mapa aunque quizás sea el Cerro de la laguna Verde. Retrocedí unos pasos para sacar la foto del bello panorama pero incluyendo los restos del instrumental y cables iluminados por los rayos de sol que se filtraban dándole un toque de irrealidad. Contemplamos un poco más el entorno y decidimos volver.
El regreso fue más azaroso. Pasamos por los restos de otras dos yeguas y justo antes de tocar tierra firme, Tony resbaló. La sal hizo contacto con una pequeña herida en su mano y mi compañero tuvo la “suerte” de ver las estrellas…

*Marcelo Scanu está sponsoreado por Makalu y es  parte del Makalu Team.

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