Archivado en Sin categoría
Permalink

Primer ascenso y bautismo al Cerro Presidente Perón (5774 msnm), Provincia de San Juan (II Parte)

Primer ascenso y bautismo al Cerro Presidente Perón (5774 msnm), Provincia de San Juan    (Segunda Parte)

Por Marcelo Scanu
 
Campamento 1
 
   Sacarme esa pesada y molesta mochila fue más que grato. Fue como dejar de expiar culpas. Observé los alrededores y proseguí unos metros por el lecho del río marrón. Encontré una roca grande y cerca unos hilitos de agua pura filtrados por los sedimentos. Obviamente era el lugar para erigir nuestro Campamento 1 (4625 msnm según GPS). Llamé a mi compañero el cual dudó en bajar pues quería proseguir. Descendió, dejó su mochila y se ofreció a buscar la mía distante unos centenares de metros quizás tratando de sacarse de encima cualquier duda sobre mis dichos. Cuando llegó con ella no pudo más que darme la razón y efectivamente corroborar la realidad sobre mi tortura. Descansamos y armamos la carpa. Los contrafuertes del Olivares del Límite (6220 msnm) y sus enormes y agrietados glaciares cerraban la vista. El sol se reflejaba en ellos hiriendo la vista. Poco a poco el astro rey descendió en el horizonte hasta que poco después de las 7 de la tarde desapareció detrás del cerro. El cambio de temperatura resultó brutal, sin sol optamos por retirarnos a la carpa y cenar. Las sopas instantáneas chinas no resultaron ser buenas por lo cual optamos por otro menú. Mi compañero pronto se durmió y no me quedó otra opción. Sin embargo nos levantamos varias veces pues la puna cobraba su precio, algunas molestias normales y nada graves.
   Al día siguiente, 8 de febrero, decidimos especialmente a instancias mías, descansar y aclimatarnos en ese punto. Pablo optó por subir el Cerro Bifurcación (5223 msnm)  por una ruta nueva, el filo sur. Le deseo suerte y hacia las 11 comienza a ascender, aprovecha la aclimatación lograda hace unos días en Mendoza. Ya el calor dentro del refugio es casi insoportable. Lo veo subir a buen paso hasta desaparecer entre las rocas. Me hidrato y como algo mientras descanso. A eso de las 4 de la tarde regresa Pablo. Recorrió en una hora y media el camino hasta la cumbre donde apreció el excelente panorama de ese alto mirador, el mismo que me deleitó en 1991 durante su exploración. Descendió por la ladera oeste. Trae un documento encontrado en la pirca cimera. Dos geólogos, uno mendocino y otro austriaco, trabajando para el relevamiento del futuro túnel durante el 2008, ascienden sin encontrar testimonio por lo cual le asignan otro nombre. Mi compañero dejó la constancia del verdadero, lamentando luego no poder comunicarnos con los geólogos antes citados. Cenamos unos excelentes fideos a la bolognesa liofilizados y nuevamente a dormir, esta noche en mejores condiciones que la precedente. El cuerpo está haciendo su trabajo y la aclimatación resulta.
 
Hacia el Portezuelo de Olivares
 
   Como el día anterior el arroyo aparece escarchado y con carámbanos de hielo pero totalmente límpido. Es durante la tarde, al llegar el deshielo, que muta brutalmente arrastrando sedimentos. Nuestro derrotero nos llevará invariablemente hasta el Portezuelo de Olivares a 4900 msnm o sus cercanías. Es este el límite entre los Departamentos de Iglesia y Calingasta y por donde atravesó la Columna Libertadora del Comandante Cabot. El inquieto de Pablo había encontrado una huella de cabalgadura  (será la misma utilizada antaño por Cabot) que discurría unos metros por encima del cauce del arroyo. Luego de desayunar y siendo más o menos las 11 de la mañana enfilamos hacia arriba. Otra vez acarreaba la maldita mochila. Despaciosamente avanzamos viendo como crecía el casquete de hielo del Olivares del Límite. Cruzamos entre unos afloramientos y proseguimos teniendo abajo una caída hacia el arroyo. En un punto se unían dos hilos de agua: El proveniente del portezuelo con los glaciares aportando el líquido elemento y otro que acarreaba la mayor cantidad de sedimentos producto del deshielo de un glaciar de las estribaciones del mismo Olivares del Límite. Empalmamos el camino, el cual estaba en parte en buen estado, en otros cortado producto de caídas de rocas y erosión. Muchos curvas y contracurvas se apreciaban. Podíamos individualizar más o menos nuestro destino. Finalmente, cerca de las 15 horas y a una altura de 4844 msnm nos detuvimos. El sol se reflejaba en los glaciares y quemaba brutalmente. No era el portezuelo pero aquí había agua a mano. Me senté recuperándome de la mochila y recién después de un rato pude ayudar en levantar la carpa sobre el camino, lejos del arroyo y de un acarreo por donde evidentemente caían rocas de diversos tamaños, muchas de ellas descomunales. Con la carpa armada comimos algo y descansamos. En cierto momento pasó  por al lado un guanaco. Sin prisa nos miró, se dejó fotografiar y avanzó hacia el portezuelo. El sol caía, al igual que la temperatura. El viento levantaba grandes nubes de viento blanco en lo alto del Olivares del Límite. Pronto el sol descendió tras la mole glaciada y las sombras nos envolvieron. Descartada la idea de hacer otro campamento a los 5200 msnm, nos aprestamos a dormir temprano, muy temprano ya que mi compañero pronto estaba roncando. Al día siguiente intentaríamos la cumbre. No teníamos casi margen en cuanto al tiempo.
 
Hacia la cumbre

   Nos despertamos y desayunamos. Juntamos el equipo, algo de comida y agua y comenzamos a subir a las 7 de la mañana, con la luna recortándose en una ladera. Convenientemente abrigados no hacia tanto frío. Una media hora después el sol comenzó a encender las cumbres glaciadas del Olivares del Límite. Nuestra ladera no recibía los rayos del sol. Descansamos un rato, luego de haber caminado poco más de una hora. Consultamos el GPS y realmente quedé asombrado por lo pocos metros ascendidos. De allí en más, Pablo, con un paso más rápido que el mío, siguió por delante. Cerca de las 9:30 y a poco más de 5200 msnm terminamos de recorrer la planicie para atacar directamente el acarreo. Felizmente este no era tan suelto como generalmente se encuentran en la zona. Incluso el frío de la noche lo había consolidado.
Pablo seguía con su paso y se alejaba más pero siempre a vista.  Pocos minutos antes de las 10, el disco solar apareció por detrás de una peña, encegueciéndome. Sin embargo su calidez fue como un bálsamo, siempre el montañista espera que el sol lo acaricie. Ya estaba más alto y podía apreciar el Portezuelo de Olivares, el omnipresente Olivares del Límite y el San Lorenzo (5830 msnm), al cual años antes habíamos ascendido por primera vez algunas de sus cumbres menores de 5700 msnm. De a poco empiezan a verse los cerros en Chile dominando el majestuoso El Tesoro con su gran glaciar cumbrero.
    Veo a Pablo llegar al final del pedrero y me grita que tratará de hacer cumbre y si puede seguir a la otra cima mucho más lejana, lo cual para mi es bastante debido a las grandes distancias que implica. Lo veo desaparecer hacia donde sabemos está la cumbre. Sigo con mi paso y llego a este punto, falta aún y la altura aprieta. Comienzo la travesía sin ganar mucho altura pero si desplazándome en distancia. Grandes picos de roca, aguzados por la acción de los elementos, aparecían altivos defendiendo la cúspide. El cansancio es vencido por las ganas de llegar a tan preciada cumbre. Sin embargo, como en la mayoría de las montañas de la región, el punto más alto no está bien definido y paso por varias precumbres. Finalmente diviso una lomita con un punto pequeño que se mueve. Es Pablo y utilizando el zoom de la cámara observo también la pirca. No hay dudas. Faltan 5 minutos para las 2 de la tarde. Pego un fuerte grito para avisarle y vuelven a mí las fuerzas para terminar el último trecho. Arribo muy contento, saludo a mi compañero y contemplo el inmenso panorama libre casi de nubes: Las montañas de Chile, las lejanas montañas de Calingasta, las cordilleras de Agua Negra y Olivares, el Pata de Indio – mi primera cumbre de alta montaña-  y las llanuras donde se ubican los lejanos pueblos de las Flores y Rodeo. Dos horas antes Pablo había logrado la meta, no siguió a otra cumbre por la lejanía. Saco fotos y filmo, dejo una gorra de recuerdo en la pirca. El cansancio se ha desvanecido y me permite disfrutar del poco más de media hora en tan alta atalaya. Disfrutar el momento deseado hace tiempo.
   Comenzamos a descender buscando una línea los más directa posible, rápidamente hacemos el camino inverso al campamento deteniéndonos a admirar el entorno. Prosigo al portezuelo pues no lo había visitado el día anterior. Encuentro la placa y la Virgen dejada por Antonio Beorchia Nigris en uno de sus viajes para honrar a la columna de Cabot que pasó por aquí. Existe también el esqueleto de un caballo, el cual tiene adosado todavía los pelos de la cola. Siempre estas osamentas nos hacen reflexionar sobre la difícil supervivencia en la alta cordillera. Más aun reflexiono sobre como estos hombres, cargando armas y comida, muchos a pié con vestimentas de pobre confección, pudieron atravesar estas impiadosas tierras. Solamente el ideal de libertad les habrá dado tanta fuerza como para lograrlo.
    Arribo al campamento luchando con mi cámara de fotos, la cual está trabada seguramente debido a la altura. Pablo está buscando agua en el arroyo. Este ha mutado, una de sus fuentes sigue siendo límpida pero otra arrastra ahora sedimentos. Los dos brazos se juntan pero por varios metros las aguas, de diferentes densidades, no se mezclan hasta finalmente diluirse entre si.   La carpa nuevamente es refugio y disfrutamos de la comida y bebida en grandes cantidades.
  Luego del reparador sueño, desarmamos todo y enfilamos hacia el campamento base. No hará falta comentar que llevaba mi castigo en la espalda. Unas latas de guiso de lentejas, oportunamente dejadas en el campo base, eran un incentivo más para volver lo antes posible. Nos cansamos de patear piedras, especialmente en el tramo más destruido de la huella y finalmente descendimos por la ladera, cruzando el arroyo de San Lorenzo. Poco antes de nuestro destino nos encontramos con un minero en su camioneta, perdido pues debía ir a Chile. Sin más, apenas llegamos a la carpa comimos nuestras lentejas las cuales nos parecieron un manjar. El agua fría del arroyo nos alivió los pies, mientras veíamos el juego de luces y  sombras mientras el sol descendía en el horizonte. La cámara, nuevamente en funciones, captó estas magníficas escenas. Nuestra última noche en la montaña resultó tranquila y pacífica.
 
   Poco después del mediodía del 13 de febrero y como lo habíamos pactado, aparece la blanca camioneta de los viales. Nuestros amigos siempre dándonos una mano. Tardamos un suspiro en desarmar lo que queda del campamento y cargarlo en la caja de la camioneta. Desandamos el camino, llegamos al puesto de Arrequintín donde nuevamente tuvimos comida decente para alimentarnos. Comí todo lo que pude, ya no quedaban rastros de los kilos de más acumulados antes de la expedición. Luego de la larga sobremesa llegó la esposa de Pablo y volvimos en auto a San Juan. En la casa de Antonio Beorchia Nigris, lo encontramos a el y a Mikele y paso un largo rato hablando de los gratos momentos pasados en la montaña. Celebramos poder tener aun montañas vírgenes y poder seguir escalándolas.
 
Epílogo
   Hoy es posible hacer algunas consideraciones sobre esta expedición y algunos puntos importantes y destacables. Era inadmisible que una montaña no llevase el nombre de quien tanto hizo por el deporte de montaña. No es un tema estrictamente político, nadie va a adherir a un partido porque una cumbre se llame así. Es un justo reconocimiento a la labor montañística de Perón y su apoyo a expediciones tanto argentinas como extranjeras. Esta idea me rondó por mucho tiempo y se plasmó en esta montaña, bella y con carácter, de la cordillera sanjuanina, la cual mucho me atrae. Haberlo hecho en el Bicentenario de la Patria y dentro del programa Doscientos Años de Patria, más de 500 de Montañismo le dio una cuota extra a esta empresa.
 
 
La expedición no hubiera sido posible sin el apoyo de mi familia, de la Unión Personal Civil de la Nación, del destacamento Arrequintín de Vialidad Provincial de San Juan,  la Familia Beorchia Nigris, equipos Makalu (www.makalu.com.ar), lentes optitech (www.optitech.com.ar), botas Front Limit (
www.frontlimitbotas.com.ar).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *