Cenizas volcánicas en Los Alerces

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FOTO: FERNANDO DE LA ORDEN (CLARÍN)

HACE POCO MAS DE DOS MESES LOS INCENDIOS TUVIERON EN JAQUE AL LUGAR

Después de soportar el fuego, ahora el parque Los Alerces sufre con el volcán

Los guardaparques sintetizan: “No alcanzamos a salir de una calamidad que nos agarra otra”.
Por: Gisele Sousa Dias
ESQUEL ENVIADA ESPECIAL

Hace poco más de dos meses, las llamas lo pusieron en jaque. Los brigadistas debieron replegarse cada vez que el fuego avanzaba y amenazaba con devorarlo todo, hasta que la invocación a las lluvias dio resultado y lograron controlarlo. Estaba empezando a recuperarse y otra vez la bofetada: el Parque Nacional Los Alerces acaba de salir de una emergencia y entró en otra.

Ya como una anécdota que permite a todos ser eventuales protagonistas, Juan Salinas, guardaparques y jefe de Comunicaciones y Emergencias de Los Alerces, cuenta que la madrugada anterior a la primera erupción el piso se sacudía tanto que creyeron que un terremoto iba a abrir la tierra al medio. Dice que no se atrevió a decir que el movimiento sísmico lo había obligado a pasar la noche en vela “porque como ésto no había pasado nunca, iban a creer que los estaba macaneando”. Pero resulta que todos lo habían sentido. A la mañana siguiente, dice Salinas, cuando quisieron sacudirse la nieve de las camperas, entendieron que la nieve no era nieve: eran cenizas. Desde ese día, el Parque está cerrado.

“No alcanzamos a salir de una calamidad que nos pasa otra”, reniega Juan. Y se refiere a que desde que el volcán chileno Chaitén empezó a desperezarse hasta que despertó tuvieron que volver a organizarse en turnos rotativos para garantizar la seguridad de los 300 pobladores del Parque y ocuparse de observar si las especies migran, si los peces mueren o si el agua se pone demasiado turbia para prever posibles consecuencias de un fenómeno que, hasta hace diez días, les era ajeno.

“No sabemos cómo afectarán las cenizas a las especies”, explica Ricardo Peryera, intendente del Parque. “Es cierto que venimos de una paliza anterior, pero para un incendio forestal estábamos más preparados. Esta vez estamos todos desorientados: estábamos preparados para una emergencia pero no para una emergencia volcánica”, explica. Y se refiere a que tienen 50 vehículos que no pueden mover porque la ceniza destruye los motores. Y a que cuentan con la mitad de la gente, porque no es recomendable que quienes están ayudando al resto pasen mucho tiempo respirando cenizas.

“Algunos pobladores, más que nada los mayores que tienen familia en la ciudad, se autoevacuaron, básicamente porque acá el agua se toma de los arroyos que ahora están llenos de cenizas”, cuenta Pereyra. Son las 70 personas que trabajan dentro del Parque quienes se encargan día tras día de que los pobladores que se quedaron tengan agua, estén comunicados y de que no sufran alteraciones en la salud. Y se ocupan de llevar agua potable a los los 60 chicos del colegio que está dentro del parque y que, después de la suspensión, volvieron a clases.

“Si bien en ésta época no suele haber turistas, decidimos cerrarlo por la seguridad de la gente”, dice Peryera. Llegaron a ese acuerdo con los operadores turísticos.

El Parque es un área protegida de 263.000 hectáreas en en la región cordillerana de Chubut, a unos 80 kilómetros en línea recta del volcán chileno Chaitén. Ahora, como cuando arrasó el fuego, el alivio depende de la lluvia.

CLARÍN
11 DE MAYO DE 2008
SECCIÓN SOCIEDAD
http://www.clarin.com/diario/2008/05/11/sociedad/s-05001.htm