La experiencia de transitar el Camino del Inca, en primera persona

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Por Pablo Hacker *
De la Redacción de lanacion.com

El Camino del Inca empieza mucho antes que el día en que se inicia la caminata de los cuatros días para desandar el trayecto rumbo a ese santuario de los Incas que es Machu Picchu. Conseguir uno de los cupos limitados para realizarlo no es nada fácil y, en esta época del año, hay que reservar una vacante con más de un mes de anticipación. Mucho más difícil es obtener un lugar entre junio y octubre, la época más propicia para realizar la travesía por no haber lluvias.

Barro, agua, humedad son comunes denominadores del Camino del Inca tradicional. Paisajes selváticos, mezclados con ruinas y la aventura en cada paso para este periplo de cuatro días (46 kilómetros), que comienzan no más de 250 turistas por día (hay caminos alternativos) y que cuesta aproximadamente 300 dólares, con las comidas, guías, carpas y entradas a los parques incluidas.

Cada detalle está cuidado, siempre con la salvedad de que es difícil controlar los desastres generados por el clima. Todo comienza en Cuzco, cuando alguna de las decenas de empresas que organizan la excursión recoge a los turistas en sus respectivos hoteles. De allí, se viaja en micro a Ollantaytambo, para, luego, arribar al Km 82, donde comienza la caminata.

Cada día hay que llegar al campamento designado, después de al menos seis o siete horas de caminata en promedio, tras levantarse antes de las 5 de la mañana, en las que hay que desafiar a las inclemencias del tiempo, siempre con un piloto o poncho plástico a mano para sortear esa adversidad constante de esta época del año: la lluvia.

Wiñay Wayna, el lugar donde murió, tras un alud, una joven argentina es el paso previo a la llegada a Machu Picchu. Allí, está instalado el campamento más completo de todo el recorrido y es donde se pasa la tercera y última noche de la travesía. Es un sitio ubicado a dos horas de caminata del Inti Punku, la Puerta del Sol, uno de los sitios más visitados del Machu Picchu y desde donde aseguran que la vista a las ruinas es magnífica (a esta altura del año las nubes suelen ser un obstáculo para apreciar el paisaje). Al campamento de Wiñay Wayna, muy cercano a las ruinas de Huiñay Huayna, se arriba luego de descender durante casi ocho horas.

Si bien el Camino del Inca es una travesía que implica diferentes riesgos durante los cuatro días, casi no tiene diferencias con adentrarse en los paisajes del sur o el norte argentino. La caminata la realizan, sin problemas, hombres y mujeres de más de 50 años y hasta un anciano, de 82, completó el camino. Sólo hay que cuidarse de no sufrir el mal de altura, cuando el segundo día se asciende a los 4200 metros sobre el nivel del mar. Luego, hay que estar dispuesto a sufrir algún resbalón o caída, y no mucho más.

El Camino del Inca es una de las rutas de trekking más famosas del mundo. Es una manera de emular a los antiguos exploradores, como al norteamericano Hiram Bingham, quien, en 1911, descubrió Machu Picchu. Es hacerlo, pero todo adaptado a estos tiempos, por un camino allanado y preparado para los turistas, con varios puestos en el camino para comprar bebidas, chocolates o algún snack. Sólo una catástrofe climática, obviamente propia de la época, desata estas tragedias.

Día a día

Día 1: La ruta se inicia en el Km 82 de la vía férrea entre Cuzco y Quillabamba. Para comenzar se cruza por un puente el Río Urumbamba.

Día 2: Se realiza una abrupta subida para llegar al paso de Warmiwañusca, que está a 4200 metros de altura. Luego, se desciende unos metros para acampar.

Día 3: Es la jornada del descenso, hasta llegar al campamento de Wiñay Wayna, el único lugar del camino donde hay un restaurante y baños completos. En el camino, se atraviesa por las ruinas de Runkuracay, Sayacmarca y Huiñay Huayna.

Día 4: Se desandan los últimos seis kilómetros de caminata para llegar a Machu Picchu.

* Hizo el Camino del Inca del 19 al 22 de enero último.

Fuente: La Nación