K2: ¿La mayor tragedia del Karakorum?

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César Pérez de Tudela escribe: “La tragedia del K2 es la tragedia del alpinismo (…), una actividad que se eleva y escapa de los parámetros deportivos normales para constituir un singular y poderoso idealismo”.

En un mundo lleno guerras tribales y terribles con centenares y aun decenas de miles de victimas, en donde los monzones, los corrimientos de tierras, las aglomeraciones en acontecimientos religiosos de producen muertes; y el tráfico en el desarrollado occidente ocasiona miles de accidentes, llama curiosamente la atención este especial suceso en el que han muerto 11, 18, o quizás más personas bajando del K2, está concitando un gran despliegue de noticias y comentarios.

La vida es la que es muchas veces horrible, tanto si eres deportista activo como si eres un pasivo ciudadano. No solo mueren los alpinistas pasionales que quieren exponerse y esforzarse hasta limites que el sentido común no podría nunca explicar, sino también para los que viven al margen del peligro buscado.

La tragedia del K2 es la tragedia del alpinismo, que según estos años de investigaciones y estudios que vengo realizando es una actividad que se eleva y escapa de los parámetros deportivos normales para constituir un singular y poderoso “idealismo”.

Han muerto de 11 a 18 personas (todavía no se sabe) fuertes, valientes y preparadas, porque si no fuera así no hubieran llegado, nada más ni nada menos, que a la cima del K2-. Sí, ya se que no se trata de llegar a la cima si no de bajar y volver para contarlo, pero así estaban las circunstancias.

Es cierto que iban muchos juntos, lo que nunca es bueno, en caravana, que psicológicamente parece que otorga seguridad para los que no pueden ascender de forma independiente. Subían tarde y tuvieron mala suerte.

Esa caída del “serac”, entre muchos otros bloques de hielo, inestables y siempre amenazadores que sobresalen por encima del “cuello de Botella” les asustó, o incluso se dice que arrastró a algunos, que todavía no se puede asegurar, si es que alguna vez llegamos a saberlo, arrancando las cuerdas fijas (el K2 no es un parque temático, ni una escalada ferrata) y arrasando las “huellas”, que son tan importantes para saber poner el pie en fuertes pendientes nevadas, cuando las circunstancias se ponen más peligrosas. Algunos intentaron bajar y se cayeron porque era noche obscura, estaban asustados, cansados o extenuados, con el frío acerbo de la altura que hiela, y además esa gran fatalidad sobrevenida… Algunos iban con guías sherpas, otros no…¿Estaban todos a la altura de la dificultad del K2?. Nadie somos nada para juzgarlo. ¿Iban formando una peligrosa caravana? Es posible, pero en el alpinismo, como en la vida, todos nos animamos más con la proximidad de otros.

En el mejor de los casos es lo que ocurre hoy en todas las montañas famosas; y el K2 ya no es ninguna excepción. Peligrosas caravanas, muchos alpinistas juntos deseosos de llegar a las cimas de la Tierra, que para mi no son solo, ni más, las del Karakorum, que las del Himalaya, que las de los Alpes, que las de Alaska o los inmensos Andes… Se busca la fama y la gloria. ¿Es acaso injusto? ¿Está solo la gloria y el renombre en las montañas famosas? Los que suben solos, sin sherpas, sin huellas, a unas montañas posiblemente más difíciles aún que el K2, no reciben mención ni trato deferente por parte de esta sociedad a la “moda” que solo valora lo que les dicen los “medios” y desprecia cuanto ignora, recordando el precioso verso de Machado.

Si el K2 no estuviera de moda como los todos los “ochomiles” no habrían muerto 11 o 18 alpinistas, si no solo dos o tres. La tragedia de este año es el resultado de la “universalización” del alpinismo de altura y atraerá para el año próximo a muchos alpinistas más que querrán superar el drama. La tragedia no apartara a los alpinistas, si no que será un atractivo mayor en ese deseo de superación. Así ocurrió en el Cervino, en Mont Blanc, en el Nanga Parbat, en el Everest, en el K2 y en todas las montañas del mundo.

Respecto al debatido y criticado artículo de David Torres en el “El Mundo” solo tengo que decir que es un artículo literario y periodístico, pero escrito por un autor que no es alpinista, ni explorador, ni ha probado el sabor del esfuerzo. Escribió una novela sobre una imaginaria ascensión al Nanga Parbat que a muchos les pareció que literariamente era buena, y que a otros no les interesó nada. Imaginar el alpinismo es una tarea imposible, si no se ha vivido; y solo algún poeta o filosofo metafísico como Rilke, Hölderlin, Nietzsche o Jünger… podrían hacerlo.

La masificación de las grandes aficiones, más o menos arriesgadas, o en el devenir normal de la existencia de cada día, traerá casi ineludiblemente el aumento de las probabilidades de grandes accidentes. Cuando ocurra en el mismo Everest la tragedia será todavía mayor. Habrá que irse mentalizando a ello.

César Pérez de Tudela

Fuente: Desnivel

VIA: losandeszine.blogspot.com

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