Reflexiones sobre las muertes en montaña

Rio Negro On Line

Con motivo de las recientes muertes en el cerro Aconcagua, Alejandro Randis, experto guía de alta montaña mendocino, remitió una instructiva carta al diario Los Andes, publicada el 6 de febrero. Randis, socio fundador de la Delegación Mendoza de la Asociación Argentina de Guías de Montaña, es un especialista en seguridad para actividades en la naturaleza.

* El montañismo es un juego de alto riesgo, como la profesión de guía de montaña, y exige responsabilidad a quien libremente elige estas actividades (responsabilidad significa obligación y capacidad de respuesta).

* Siempre que se producen daños múltiples (como muertes múltiples) las causas son sistémicas y los comportamientos humanos son los principales actores. Digo daños y no accidentes porque accidente es por definición «suceso imprevisto que produce daño».

¿Imprevisto para quién? es la pregunta.

Los daños se pueden producir también por impericia, negligencia, ignorancia, imprudencia consciente y básicamente por el «factor humano» (esto es la intrínseca falibilidad del ser humano que nos lleva a errores de percepción, errores de razonamiento, errores motrices, errores en las tomas de decisiones, etc.).

Es por la permanente incidencia de ese «factor humano» en las actividades peligrosas que se deben gestionar sistemas de seguridad pasiva y activa, para que cuando se cometa un error -cualquiera sea- exista un sistema redundante que mitigue las consecuencias. ¿Hasta dónde? El riesgo cero no existe. Sí creo que debemos procurar permanentemente reducir las «muertes por causas evitables», investigando, informando, formando y educando, enfocados en la prevención y en la gestión del riesgo.

* Las actividades riesgosas voluntarias, sean deportivas, lúdicas, laborales o de otro tipo, contienen una de las tantas paradojas del ser humano. La exploración de lo desconocido es una motivación básica (aunque implique exponerse a peligros) y es una motivación básica también, y simultáneamente, la búsqueda de seguridad.

Gracias a esta paradoja pudimos bajarnos de los árboles hace miles de años y hoy el Hombre puede andar por el mundo haciendo. Para bien y. para mal, pero es así. Un proyecto de comunidad que pretenda seres humanos mejores, debe permitir y estimular las actividades que incluyan la exploración y el conocimiento (del entorno, de nuestros semejantes y de uno mismo).

* Respecto del Aconcagua, específicamente, opino que no hay que prohibir ni controlar tanto. Sí debe el Estado, a través de la Dirección de Recursos Naturales Renovables, exigir a los visitantes que asuman su propios riesgos y sus consecuencias. La DRNR debe obligar a los visitantes a informarse de todos los peligros mortales y de desaparición que amenazan la ascensión y, además, sincerar la imposibilidad real de auxilio en muchísimos casos. Esto se debe hacer mediante un centro de interpretación muy didáctico, instalado donde sea funcional al visitante.

Además, por escrito, mediante un instructivo de ingreso que sea una explicitación de riesgos que los visitantes deberán firmar conformes. La DRNR debe explicitar claramente todos los riesgos (por más que puedan asustar) y exigir la responsabilidad de cada individuo para asumirlos voluntariamente.

De esta forma las consecuencias y sus costos materiales y/o intangibles, no deberán ser costeados por la comunidad mendocina (este procedimiento ya se emplea en muchos países que tienen ciudadanos maduros y funcionarios de igual calidad y no se les ocurre prohibir para evitarse problemas, ni pretender sobreproteger allí donde debe ser el mismo individuo el responsable primario).

Actualmente el Estado se ve en la obligación de afrontar los costos por ofrecer (vía DRNR) un control, una cobertura y una responsabilidad que muchas, pero muchas veces, no puede sostener en tiempo y forma real. Esto es: más allá de intenciones y promesas de ocupantes de despachos grandes y chicos.

* Es un despropósito pretender prohibir, supercontrolar, o restringir que se siga practicando esta actividad en el Aconcagua (cosa que han hecho o querido hacer múltiples burócratas).

Considerando que millones de argentinos están bajo la línea de pobreza y de indigencia, poder generar riqueza y no hacerlo es una canallada. El Aconcagua es un gran generador de riqueza para la comunidad mendocina, más allá de la caja chica que dejan los visitantes en carácter de permisos de ingreso (caja chica que encandila a muchos funcionarios que pretenden incrementarla cada año subiendo el precio sin ver que están matando poco a poco la «gallina de los huevos de oro»).

La riqueza más importante que genera el Aconcagua es tangible en los muchos dólares que dejan los visitantes en forma de pago de servicios (arriba y en la ciudad). E intangible al hacer conocer Mendoza en otras partes del mundo. Los pesos de permisos de ingreso son auto-fagocitados por la misma burocracia del Parque. Es verdad que representa trabajo para un gran número de guardaparques y esto es bueno en la medida que estos funcionarios logren ser capaces de agregar valor al Parque.

* Numerosos conocedores del Parque opinan que, dentro de su dinámica actual, se debe re-asignar recursos (ya existentes pero mal gastados). Son necesarias mejoras como el equipamiento de los grupos de rescate ya que el Parque no tiene ni una camilla tipo Mariner, ni un teléfono satelital. Los rescatistas trabajan arrastrando un gran bidón de plástico partido al medio como transporte de heridos o muertos.

La patrulla de la Policía se empeña mucho más allá de su paga y costea sus equipos personales. ¡He visto personalmente a políticos prometerles en medio de la montaña, al ver sus austeros equipos, mejorar sus condiciones! Y por supuesto… adivinaron… nunca cumplieron.

* En más de 35 años en la montaña he participado desde diferentes posiciones en emergencias. Muchas veces como voluntario y una vez en 1.999 desde el peor lado, cuando uno de mis clientes tropezó y cayó en la canaleta a 6.500 ms. Entonces muchos nos prestaron auxilio: guías, asistentes, guardaparques, personal de la Patrulla de Rescate de la Policía y voluntarios varios. Esa noche reinó buen tiempo y todo salió lo mejor que podía resultar (más allá de las graves lesiones de nuestro herido).

Pero imagino a los muchachos cargando a Federico Campanini a casi 7.000 metros, metidos en la tormenta. Horas y horas de esfuerzo. congelándose las manos, los pies, la cara, los pulmones. Los conozco y seguro dieron todo lo que tenían que dar. No hay que olvidar que la finalidad de un grupo de rescate es salvaguardar vidas, incluyendo las de los rescatistas. Estoy seguro de que debemos seguir investigando, formando y educando para la prevención.

Para seguir haciendo, de esta actividad de riesgo, una fuente de ingreso de divisas para la provincia (en un marco autosustentable, gestionado por privados y funcionarios competentes) y también para que el montañismo siga siendo generador de mejores personas.

Fuente: rionegro.com.ar

Foto: flickr.com